Afiche: "Educadores Construyendo Cultura de Paz"

Nuestra actitudes son aprendizajes que marcan a los niños y niñas: por ello:

1) Utilicemos nuestro poder con un estricto sentido de justicia

No hay mayor violencia que la arbitrariedad. Los educadores poseemos un poder que se debe a nuestra posición y al respeto natural que nos tienen los y las estudiantes. Si abusamos de este poder, estamos favoreciendo y justificando las actitudes abusivas de los niños y niñas frente a quienes son más pequeños, más débiles o más indefensos.

2) Mantengamos el auto-control

Generalmente los niños son inquietos. Sin embargo, reaccionar con un golpe sobre el pupitre o gritar desaforadamente no es una buena alternativa para imponer silencio o para llamar la atención. Si nosotros, que somos adultos, caemos en estas actitudes extremas, ¿cómo pretender educar a los niños en el control de sus emociones? Si no somos capaces de controlarnos alimentamos el clima de violencia y damos luz verde a todo tipo de excesos por parte de nuestros educandos.

3) Procuremos ser respetuosos de la diferencia

La discriminación y la intolerancia son formas de violencia. Debemos superar nuestras limitaciones de apreciación y dar a todos nuestros estudiantes un trato respetuoso y equitativo. Potenciemos lo positivo que tiene cada uno, para elevar su autoestima. El peor error que podemos cometer es el de dividir a los educandos según nos caigan bien o no. No sólo debemos evitar incurrir nosotros mismos en estas faltas, sino ejercer sobre los educandos una acción positiva para eliminarlas de sus mentes a la más temprana edad.

4) Digamos siempre la verdad

Los niños y niñas tienen una percepción especial para el engaño, cuando proviene de un adulto. Si mentimos a nuestros estudiantes, podemos descontar que nos descubrirán; y cuando lo hagan, no sólo te perderán el respeto, sino que aprenderán que mentir es un recurso válido. Si no sabemos, digamos "no sé"; si nos preguntan algo que es inconveniente responder, por la razón que sea, digamos "no puedo responder eso". Detrás del faltar a la verdad se esconden una agresión y un abuso. Fomentemos un clima de confianza donde no hay necesidad de mentir.

5) Recordemos que somos un ejemplo

En el aula, como en la vida, es esencial no mostrar temor hacia la verdad, hacia otras personas o hacia lo que no comprendemos. Educamos también con el ejemplo: No denotemos miedo a equivocarnos o a tomar decisiones, no podemos esperar de nuestros estudiantes que sean seguros de sí mismos y que asuman la responsabilidad de sus actos.

6) Resolvamos los conflictos sin violencia

Conflicto no es lo mismo que violencia. La violencia es sólo una de las maneras que tenemos de responder o reaccionar ante un conflicto. Las personas por naturaleza no somos violentas, no nacemos así, es una respuesta que aprendemos de nuestro alrededor. Utilicemos técnicas positivas de resolución de conflictos, como son la mediación, el diálogo y la reconciliación. Es importante tener una mentalidad abierta, ser creativo y permitir que los involucrados busquen sus propias soluciones.

7) Busquemos la justicia sin venganza

Muchos educadores apoyan la filosofía ‘ojo por ojo, diente por diente’, convirtiéndose en verdaderos defensores de la venganza. No obstante, quien golpea a otro, o le provoca dolor, jamás deberá ser castigado del mismo modo, para que no se produzca una espiral de violencia. Es nuestra misión como educadores, ser facilitadores en la búsqueda de la justicia con equidad. Asimismo, debemos sancionar los hechos y no a las personas.

8) Permanezcamos alertas

Uno de los defectos más indeseables en un educador es la indiferencia ante los actos de violencia o las agresiones de cualquier clase. Debemos permanecer atentos a todo, alertas y vigilantes, e intervenir cada vez que sea necesario para corregir, separar, reconciliar o aconsejar; no importa si se nos enfría el café o si perdemos una interesante conversación entre colegas. Somos educadores en todo momento.

 
 
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